Robot quirúrgico autónomo

Robots quirúrgicos autónomos en 2026: ¿hasta dónde ha avanzado realmente la cirugía robótica?

La idea de que un robot pueda realizar una operación por sí solo ya no pertenece únicamente a la ciencia ficción, pero tampoco describe con precisión la realidad cotidiana de la cirugía robótica en 2026. Los robots quirúrgicos modernos pueden hacer que los movimientos sean más precisos, filtrar el temblor natural de las manos, proporcionar imágenes tridimensionales ampliadas, impedir que los instrumentos entren en zonas sensibles y, en determinados procedimientos, ejecutar tareas predefinidas con una intervención directa limitada. La inteligencia artificial también empieza a reconocer estructuras anatómicas, analizar vídeos quirúrgicos y ayudar a los médicos a tomar decisiones durante una intervención. Sin embargo, el cirujano continúa ocupando un papel central. La mayoría de las operaciones sobre tejidos blandos calificadas como robóticas siguen siendo realizadas por un profesional que controla los instrumentos, toma las decisiones clínicas y asume la responsabilidad del procedimiento. Por tanto, el cambio importante no consiste en que los robots hayan sustituido a los cirujanos, sino en que la frontera entre un instrumento quirúrgico y un asistente inteligente ha empezado a desplazarse. En 2026, algunos sistemas ya cuentan con funciones realmente autónomas, mientras que determinados robots experimentales pueden completar secuencias quirúrgicas sorprendentemente complejas. Comprender la diferencia entre ambas categorías resulta esencial para valorar hasta dónde ha llegado realmente esta tecnología.

Lo que la cirugía robótica ya puede hacer en 2026

La cirugía asistida por robots está consolidada en varias especialidades médicas, especialmente en urología, cirugía general, ginecología, cirugía torácica y determinados procedimientos cardíacos. El mercado comercial también se ha diversificado. El da Vinci 5 de Intuitive recibió su autorización inicial de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) en 2024, y posteriormente continuaron ampliándose sus usos autorizados. En enero de 2026, la FDA autorizó el sistema para determinados procedimientos cardíacos, mientras que los instrumentos con retroalimentación de fuerza para da Vinci 5 recibieron otra autorización en marzo. El sistema Hugo de cirugía asistida por robot de Medtronic obtuvo la autorización estadounidense para intervenciones urológicas en diciembre de 2025. La familia Versius de CMR Surgical también ha ampliado su presencia regulatoria, mientras que Johnson & Johnson alcanzó un hito importante en julio de 2026, cuando la FDA concedió la autorización De Novo al sistema quirúrgico robótico OTTAVA para diversos procedimientos de cirugía general en la parte superior del abdomen. Estos avances significan que los hospitales disponen ahora de una selección más amplia de equipos robóticos avanzados que hace apenas unos años.

A pesar de estos avances, la palabra “robot” puede transmitir a los pacientes una impresión equivocada sobre lo que ocurre realmente en un quirófano. En los principales sistemas destinados a la cirugía de tejidos blandos, el cirujano normalmente permanece en una consola u otra posición de control y dirige los instrumentos quirúrgicos. El robot transforma los movimientos del cirujano en movimientos más pequeños y altamente controlados dentro del cuerpo del paciente. El software puede eliminar el temblor natural de las manos, ajustar la escala de movimiento y facilitar el trabajo de los instrumentos a través de pequeñas incisiones en zonas donde las herramientas laparoscópicas convencionales pueden resultar más difíciles de manejar. Los sistemas más recientes también prestan mayor atención a la ergonomía, la obtención de imágenes, la recopilación de datos y la retroalimentación. La retroalimentación de fuerza, por ejemplo, puede aportar al cirujano información adicional sobre la presión ejercida a través de un instrumento. Ninguna de estas funciones significa que la máquina haya decidido de manera independiente dónde realizar una incisión, qué tejido retirar o cómo responder ante una complicación grave.

Una forma útil de comprender este progreso consiste en diferenciar la asistencia robótica de la autonomía. Una revisión sistemática de robots quirúrgicos autorizados por la FDA clasificó los sistemas desde la asistencia robótica básica hasta la autonomía de tareas y la autonomía condicional, llegando finalmente a los niveles teóricos de autonomía alta y completa. Entre los 49 robots identificados en la revisión, el 86 % correspondía al primer nivel, en el que el cirujano mantiene un control continuo. El 8 % disponía de autonomía a nivel de tareas y el 6 % alcanzaba una autonomía condicional, lo que significa que podía generar estrategias específicas para cada paciente en determinadas tareas, aunque seguía dependiendo de la aprobación del cirujano. Ninguno de los sistemas autorizados clínicamente incluidos en ese análisis alcanzaba las dos categorías superiores. Una revisión de 2026 sobre cirugía robótica e inteligencia artificial llegó a una valoración general similar: determinadas funciones autónomas útiles ya se emplean en especialidades con anatomía rígida, pero la cirugía autónoma de tejidos blandos continúa en una fase experimental temprana. Esta distinción es mucho más relevante que limitarse a preguntar si una máquina recibe el nombre de robot quirúrgico.

En qué áreas ya se utilizan funciones autónomas

Los ejemplos más claros de autonomía útil aparecen en procedimientos donde la zona de intervención es relativamente estable y puede cartografiarse con precisión antes o durante la cirugía. La cirugía ortopédica es un buen ejemplo, porque los huesos no se estiran, deforman ni desplazan continuamente como sucede con los órganos y otros tejidos blandos. Un ordenador puede utilizar imágenes médicas y mediciones para ayudar a crear un plan específico para cada paciente, establecer límites y guiar la preparación del hueso. Dependiendo del sistema, la máquina puede limitar los movimientos del cirujano, colocar una guía de corte o realizar una parte predefinida de la preparación ósea. Se trata de formas reales de automatización, pero funcionan dentro de límites claramente establecidos. El cirujano continúa confirmando el plan, comprobando la alineación y siendo responsable de la intervención. La evaluación de NICE sobre tecnologías ortopédicas asistidas por robots, por ejemplo, describe sistemas como Mako que proporcionan al cirujano un control de límites mediante respuesta háptica, mientras es el propio cirujano quien realiza directamente el corte en lugar de permitir que el robot ejecute todo el procedimiento de manera independiente.

Los niveles superiores de autonomía, sin embargo, han llegado a dispositivos médicos autorizados para tareas especializadas. Las investigaciones sobre robots quirúrgicos aprobados por la FDA han identificado aplicaciones de autonomía condicional que incluyen planificación y ejecución específicas para el paciente en tareas como el fresado óseo, la biopsia de próstata y la extracción robótica de folículos capilares. En estos casos, autonomía no significa entregar una operación completa a una máquina. Significa transferir una parte limitada y claramente definida del trabajo. Un robot puede calcular una trayectoria adecuada a partir de imágenes médicas, colocar un instrumento o ejecutar un movimiento previamente aprobado mientras supervisa continuamente unas condiciones determinadas. El profesional sanitario selecciona o aprueba la estrategia y puede intervenir. Este modelo es importante porque muestra cómo probablemente evolucionará la autonomía quirúrgica: no mediante un cambio repentino de cirugía humana a cirugía robótica independiente, sino haciendo que partes concretas de una operación se automaticen cuando existan suficientes pruebas de que una máquina puede realizarlas de forma segura y constante.

La inteligencia artificial está añadiendo otra capa de asistencia que no implica necesariamente movimientos autónomos. Los sistemas de visión artificial pueden analizar las imágenes de un endoscopio e identificar estructuras anatómicas, seguir los instrumentos o advertir al equipo quirúrgico cuando estos se acercan a zonas sensibles. En agosto de 2026, UCL y University College London Hospitals informaron del primer paciente incluido en un ensayo clínico que utilizó su sistema de inteligencia artificial para proporcionar asistencia en tiempo real durante una operación de un tumor hipofisario. El software analizaba el vídeo quirúrgico en directo y resaltaba estructuras importantes situadas alrededor de la base del cerebro para apoyar las decisiones del neurocirujano. El cirujano continuaba realizando la intervención; la inteligencia artificial no controlaba los instrumentos quirúrgicos. Este tipo de desarrollo puede ser más representativo del futuro inmediato que los robots totalmente independientes. La IA puede convertirse primero en un par de ojos adicional dentro del quirófano, ayudando en la percepción y la toma de decisiones antes de recibir un mayor control sobre las acciones físicas durante una operación.

Los mayores avances en cirugía autónoma desde 2022

Uno de los hitos experimentales más importantes llegó de la Universidad Johns Hopkins con el Smart Tissue Autonomous Robot, conocido como STAR. En 2022, los investigadores comunicaron la realización de un procedimiento laparoscópico autónomo sobre tejido intestinal en un cerdo vivo. El sistema realizó una anastomosis intestinal, una tarea delicada que consiste en unir dos extremos del intestino. El experimento llamó especialmente la atención porque automatizar la sutura de tejidos blandos resulta mucho más difícil que seguir una trayectoria previamente planificada sobre un hueso. El tejido cambia de forma cuando se sujeta, mueve o sutura, por lo que el robot debe tener en cuenta continuamente las modificaciones de posición. STAR demostró que partes importantes de este proceso podían automatizarse. Sin embargo, el sistema funcionó en condiciones experimentales cuidadosamente controladas, utilizó métodos especializados para facilitar el seguimiento de los tejidos y no era un robot que tratara de manera independiente a pacientes humanos. Su importancia radicó en demostrar que la manipulación autónoma de tejido vivo era técnicamente posible, no en probar que los quirófanos autónomos ya se hubieran convertido en una realidad.

En 2025 se presentó un avance importante respecto a ese trabajo con Surgical Robot Transformer-Hierarchy, conocido como SRT-H. Investigadores de Johns Hopkins y otras instituciones colaboradoras entrenaron el sistema utilizando demostraciones quirúrgicas y lo probaron en una fase ex vivo de extracción de la vesícula biliar. En lugar de aprender únicamente un movimiento breve, el robot ejecutó una secuencia prolongada que incluía 17 tareas quirúrgicas. Tenía que identificar estructuras, manipular tejidos, colocar clips y utilizar tijeras, además de recuperarse cuando la situación difería de las condiciones iniciales previstas. Los investigadores informaron de una ejecución autónoma satisfactoria en ocho vesículas biliares ex vivo diferentes. El robot era más lento que un cirujano humano experimentado, pero el experimento fue significativo porque demostró que un robot controlado por inteligencia artificial podía unir habilidades individuales en una secuencia quirúrgica más larga y adaptar su comportamiento cuando cambiaban las circunstancias. Esta capacidad para recuperarse de una situación imperfecta es uno de los requisitos fundamentales para cualquier futuro sistema autónomo clínicamente útil.

Este resultado, sin embargo, debe interpretarse con cautela. El tejido ex vivo se encuentra fuera de un organismo vivo, por lo que el experimento no reproducía todas las dificultades presentes durante una operación humana. No existía la circulación sanguínea de un paciente vivo, cambios de presión arterial, condiciones anestésicas ni una respuesta fisiológica completa ante un acontecimiento inesperado. Por este motivo, una revisión publicada en 2026 en Nature Reviews Urology describe las demostraciones de alta autonomía realizadas con sistemas como STAR y SRT-H como trabajos que continúan dentro de la investigación ex vivo o preclínica con animales, en lugar de formar parte de la cirugía humana habitual. Esta diferenciación es importante para comprender la situación real. Los robots de investigación ya pueden completar secuencias que hace una década habrían parecido extraordinariamente ambiciosas, pero el éxito en un experimento controlado no supone automáticamente autorización para operar de forma independiente a pacientes. La adopción clínica exige muchas más pruebas, incluida la capacidad de funcionar ante numerosas variaciones anatómicas, gestionar complicaciones de forma fiable y demostrar que la tecnología aporta al paciente una ventaja significativa más allá de una demostración de ingeniería avanzada.

Por qué es mucho más difícil automatizar la cirugía de tejidos blandos

Los tejidos blandos plantean problemas que apenas existen en la robótica industrial. Un robot encargado de montar un objeto fabricado normalmente conoce las dimensiones y la posición exactas de cada componente. La anatomía humana es diferente. Los órganos varían entre pacientes, los tejidos pueden desplazarse al tocarlos, la respiración provoca movimiento y las estructuras pueden deformarse a medida que avanza una intervención. Incluso un procedimiento técnicamente rutinario puede cambiar de forma repentina debido a tejido cicatricial procedente de una operación anterior, una inflamación inesperada o una variación anatómica que no era evidente en las imágenes preoperatorias. Una hemorragia puede ocultar rápidamente la imagen de la cámara y modificar las prioridades de la intervención en cuestión de segundos. Un cirujano humano no se limita a seguir una secuencia memorizada en estas situaciones. Interpreta lo ocurrido, decide si el plan original sigue siendo seguro y puede modificar inmediatamente la técnica. Reproducir esta combinación de percepción, criterio y habilidad física resulta mucho más difícil que automatizar un movimiento predecible.

La capacidad de detectar información física constituye otro desafío importante. La visión aporta una enorme cantidad de datos, pero los cirujanos también evalúan cómo se comporta un tejido cuando se tira de él, se presiona o se corta. Una estructura que visualmente parece similar a otra puede ofrecer una sensación completamente distinta al manipularla. Los sistemas robóticos incorporan cada vez más sensores de fuerza y mejores tecnologías de imagen para proporcionar más información tanto a los cirujanos como al software. La generación da Vinci 5, por ejemplo, incluye funciones de retroalimentación de fuerza mediante instrumentos autorizados por la FDA. Este tipo de información puede ayudar al cirujano a comprender cuánta fuerza se está aplicando, mientras que futuros sistemas autónomos podrían utilizar datos similares para determinar si un tejido se comporta como se esperaba. Los investigadores también trabajan en métodos que permitan a los robots combinar información visual con mediciones de fuerza y movimiento. El objetivo no consiste únicamente en conseguir que un robot se mueva con precisión, sino en permitirle reconocer cuándo la respuesta física del tejido no coincide con lo previsto por su modelo.

El problema más complejo puede ser la incertidumbre. Un robot autónomo clínicamente útil tendría que reconocer cuándo no dispone de suficiente información para continuar de manera segura. Si la cámara queda obstruida, un instrumento se desliza o comienza una hemorragia inesperada, seguir ejecutando el plan original podría resultar peligroso. Por este motivo, una autonomía segura exige mucho más que un algoritmo capaz de funcionar correctamente en condiciones normales. El sistema debe detectar circunstancias inusuales, evaluar si su nivel de confianza ha descendido por debajo de un límite aceptable y devolver el control al cirujano cuando sea necesario. También debe funcionar como parte de un equipo de quirófano integrado por anestesistas, personal de enfermería y otros profesionales sanitarios. Esta es una de las razones por las que un futuro robot quirúrgico autónomo probablemente se parecerá más a un especialista altamente supervisado que a un sustituto independiente del equipo quirúrgico. La capacidad de detenerse en el momento adecuado puede acabar siendo tan importante como la capacidad de completar automáticamente una tarea.

Robot quirúrgico autónomo

Qué pueden esperar los pacientes y los hospitales en los próximos años

La siguiente fase de la cirugía robótica probablemente incorporará una mayor autonomía en tareas individuales, en lugar de automatizar operaciones completas. El posicionamiento de cámaras, el seguimiento de instrumentos, la planificación quirúrgica, la identificación de estructuras anatómicas y determinados movimientos estrictamente delimitados son candidatos naturales porque pueden definirse y evaluarse con mayor facilidad que una intervención completa. Algunos elementos repetitivos de la sutura, la manipulación de tejidos o la preparación quirúrgica también pueden automatizarse progresivamente a medida que avance la investigación. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial podría supervisar lo que ocurre y generar advertencias cuando la secuencia quirúrgica se aparte de un patrón esperado. En términos prácticos, el cirujano puede pasar gradualmente de controlar cada movimiento a aprobar planes y supervisar determinadas acciones automatizadas. Este cambio podría reducir la carga física y hacer que algunas tareas muy repetitivas fueran más constantes, pero únicamente si los ensayos clínicos demuestran que la automatización adicional mejora la seguridad, la eficiencia o los resultados para los pacientes.

La regulación será uno de los principales factores que determinarán la velocidad de esta transición. Un sistema que simplemente reproduce los movimientos de las manos de un cirujano presenta un tipo de riesgo diferente al de un software que selecciona un movimiento por sí mismo, mientras que un robot que realiza una única tarea predefinida representa otra situación distinta a la de un sistema capaz de modificar un plan quirúrgico durante la intervención. Por ello, los organismos reguladores necesitan pruebas no solo de que el equipo mecánico funciona correctamente, sino también de que las decisiones automatizadas mantienen su fiabilidad entre diferentes pacientes y entornos clínicos. Los datos utilizados para entrenar estos sistemas deben representar la anatomía y las circunstancias que probablemente encontrarán. Los hospitales también necesitan procedimientos claros relacionados con las actualizaciones de software, el mantenimiento, la ciberseguridad, la formación del personal y la conversión de emergencia a cirugía convencional. Además, debe poder determinarse claramente quién asume la responsabilidad cuando una función automatizada participa en una decisión o una acción física. Estas cuestiones resultan menos llamativas que ver a un robot realizar una sutura, pero son fundamentales para conseguir una adopción clínica segura.

La competencia entre fabricantes también puede acelerar el desarrollo de funciones robóticas útiles. En 2026, da Vinci ya no es el único gran nombre que define el futuro de la cirugía robótica de tejidos blandos en Estados Unidos. Hugo, Versius y OTTAVA representan diferentes enfoques en cuanto a la organización de los equipos robóticos y del espacio quirúrgico, mientras que los robots especializados continúan desarrollándose en ortopedia, neurocirugía y otras áreas. Una mayor variedad de opciones puede impulsar mejoras en ergonomía, sistemas de imagen, retroalimentación, diseño de instrumentos y eficiencia dentro del quirófano. No obstante, los pacientes no deberían asumir que un robot más reciente produce automáticamente mejores resultados clínicos. La experiencia del cirujano, la idoneidad de la asistencia robótica para una operación concreta, la formación del equipo hospitalario y las pruebas disponibles sobre ese procedimiento específico continúan siendo más importantes que la novedad del equipo utilizado. La cirugía robótica es una forma de realizar una intervención, no una garantía de un determinado resultado.

¿Sustituirán los robots a los cirujanos?

En 2026 no existen pruebas de que los cirujanos estén cerca de desaparecer de los quirófanos. Incluso los sistemas experimentales más avanzados han sido diseñados para tareas quirúrgicas definidas y condiciones de investigación controladas. La cirugía humana requiere mucho más que mover instrumentos con precisión. Los cirujanos interpretan pruebas de imagen y resultados de laboratorio, deciden si una operación debe realizarse, eligen entre diferentes opciones de tratamiento, responden ante hallazgos inesperados y valoran riesgos que pueden variar considerablemente entre pacientes. También se comunican con los pacientes y sus familias y coordinan decisiones con otros profesionales sanitarios. Estas responsabilidades no pueden reducirse únicamente a la parte mecánica de una operación. Lo que sí puede cambiar gracias a la robótica es la cantidad de trabajo mecánico que requiere un control manual continuo.

Un futuro más realista se basa en el control compartido. El cirujano podría continuar siendo responsable de la estrategia mientras un software cada vez más avanzado se ocupa de tareas repetitivas, medibles y adecuadas para la automatización. Un sistema podría colocar una cámara, mantener un ángulo de visión seguro, identificar referencias anatómicas, proponer una trayectoria, completar una serie de suturas previamente aprobadas o impedir que un instrumento entre en una zona insegura. El cirujano supervisaría estas acciones y asumiría directamente el control cuando las circunstancias exigieran un criterio que superara los límites validados del sistema. Este modelo es similar a la evolución observada en otras tecnologías críticas para la seguridad: la automatización gestiona tareas claramente definidas mientras un profesional cualificado continúa supervisando las situaciones excepcionales. A medida que aumenten la confianza y las pruebas disponibles, el equilibrio puede seguir cambiando, pero cada función autónoma adicional tendrá que justificar el incremento de responsabilidad que se concede a la máquina.

Por tanto, la cirugía robótica ha avanzado considerablemente hasta 2026, aunque no de la forma que suelen sugerir las descripciones populares de los “robots cirujanos”. Los sistemas comerciales para tejidos blandos son cada vez más capaces, varios fabricantes compiten actualmente en mercados importantes, la retroalimentación de fuerza y la percepción asistida por inteligencia artificial continúan progresando, y algunos robots especializados ya realizan tareas automatizadas limitadas. Los sistemas utilizados en investigación han llegado más lejos y han demostrado capacidades de sutura autónoma y procedimientos de tejidos blandos en varias etapas bajo condiciones experimentales. Lo que la medicina todavía no tiene es un robot clínicamente consolidado capaz de planificar y realizar de manera independiente una operación compleja de tejidos blandos en un paciente humano y, al mismo tiempo, gestionar con seguridad todo lo que pueda ocurrir durante el procedimiento. Los próximos avances importantes probablemente llegarán mediante una ampliación cuidadosa de la autonomía a nivel de tareas, en lugar de intentar eliminar al cirujano del quirófano. El verdadero progreso se medirá por la reducción de complicaciones, una atención más uniforme y mejores resultados para los pacientes, y no por la cantidad mínima de intervención humana que pueda mostrar una demostración tecnológica.